Siempre por las canciones: Desarmar hasta los cimientos y poder volver a construir.

Natario es un proyecto solista. A veces solo y a veces con banda.

He armado y desarmado mucho en mi vida musical. Pero esta vez desarmé tanto que creo haber llegado casi hasta los cimientos. 

Desde fines de 2024 estuve en un silencio musical de mas un año. Doloroso. Quizás necesario.

Entre 2018 y 2024 la banda se armó y desarmó casi todo el tiempo. Salió de forma solista con banda sin buscarlo, porque me convencieron de que así sea, y fue acertado porque me permitió seguir siempre para adelante sean quienes sean mis compañeros en el escenario.

Foto: Romina Sautel

Durante dos años sentí que no me salía bien nada de lo que buscaba y decidí parar. Había costado mucho conseguir compañeros, y después, cuando los conseguí, en un ultimo intento casi desesperado,
no funcionó. Sin culpas para nadie, solo formas distintas.

No se pudo hacer la grabación de un disco, no se pudo participar de un compilado, tuvimos que bajarnos de presentaciones en vivo. Mucha frustración y mucho esfuerzo desperdiciado. Lo desesperado rara vez funciona bien.

Yo, que había intentado de todo para lograr durante mucho tiempo esquivar las burocracias, las tendencias, y esos insoportables acuerdos implícitos del manual del «como se deben hacer las cosas» en la música, me había metido sin querer en un laberinto del que la única salida fue romper todo

De ese laberinto no hubo salida con guirnaldas, pasacalles ni pancartas. La salida fue una carga de dinamita en una pared lateral del laberinto. Escombros, humo, polvo

Durante un año y medio el silencio fue público. Para adentro seguía escribiendo frases y melodías, pero todo a medias, ahí quedaba. Intenté aprender nuevas formas de grabar y también intenté conocer nuevos sonidos. Tenía ganas de romper esquemas y prejuicios propios y ajenos. 

Foto: Romina Sautel

Y acá viene lo nuevo: Nunca supe por qué pero desde la primera vez que hice música siempre hubo algo que me empujó a seguir haciéndolo.

Y entonces me pregunté y me pregunté muchas veces que hacer con toda esa mezcla de sensaciones.
Y la respuesta fueron las canciones.  Siempre las canciones. 

A mi me gusta contar historias. Propias, ajenas, inventadas. 

Escribir una letra, inventar una melodía. Acompañarla con una guitarra. 

Lo simple. Lo esencial.  Mas allá de la decoración que se le agregue después a eso. 

Y entonces por eso un día me obligué a grabar sin parar. No grabar dos minutos para luego volver a empezar.

NO. 

Prendí el grabador durante horas y empecé a tocar notas en la guitarra. Sin tener en claro para qué

Durante horas, haciendo lo que salía, sacando para afuera todo lo que tenía aunque no supiera que era.

Sin estructuras, sin estilos, sin formatos. Sin decir «esto tiene que ser un blues», «esto tiene que ser en formato de zamba». Nada de eso. Nada de nada. Tocar y grabar lo que sea que salga de adentro.
Sacar, sacar y sacar: Un exorcismo.

Y salió lo que salió. Canciones. Sin importar formatos ni estructuras. Canciones en la forma que sea. Con el objetivo siempre claro: las canciones siempre están ahí para acompañarnos.


Hay una historia que empieza con un tipo que llega a un lugar. No sabe de donde, ni como ni por qué, pero ese lugar se siente bien. Reconoce las historias que pasan alrededor mientras pelea con sus propios demonios internos, para intentar llegar a una conclusión que lo haga salir de ese lugar mejor de lo que entró: Ojalá con las cosas mas claras. Ojalá mas sano. Ojalá mas entero. 

Esa historia se llama «Club de Canciones» y es mi nuevo disco. 

Bienvenidos al club de las canciones urgentes. 

Ojalá para ustedes también sea ese exorcismo que tanto necesitan.

Pablo Natario.

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